VEO MAS SINCERIDAD EN ALGUNOS VINOS ARGENTINOS

He aqui un articulo de Giorgio Benedetti in El Conocedor Julio 2011.
En este mes la revista trata sobre el futuro del vino argentino. Su nueva evolucion, sus nuevos y a veces jovenes protagonistas que han comenzado a aparecer en la escena enologica.
Es obvio que la Argentina esta cambiando y muchos de los enologos visionarios y sobretodo periodistas valientes ya lo habian anunciado, ya lo estaban casi solicitando.


ARTICULO: "VEO MAS SINCERIDAD EN ALGUNOS VINOS ARGENTINOS"

LEO BORSI - El productor: este joven argentino que hace vino entre la crema francesa tiene una mirada lúcida y nada exitista sobre los blancos y tintos nacionales. La visión del enólogo, pero a la distancia.

Leonardo Borsi es un joven mendocino que hoy triunfa elaborando vinos en una de las apelaciones de origen francesas más prestigiosas: Châteauneuf-du-Pape.

Su primer contacto con la enología francesa vino de la mano de un convenio que tenía la Escuela Técnica Pascual Iaccarini de San Rafael –donde se recibió– con el Lycée Viticole de Beaune. Luego, gracias a una serie de pasantías que realizó en el corazón de la Borgoña, pudo ver de cerca el trabajo que realizaban productores y enólogos, tanto en las viñas como en la bodega. Esa experiencia lo marcó a fuego e hizo que comenzara a capacitarse en prestigiosas casas de estudio de Francia: el Lycée Viticole de Beaune (viticultura y agronomía), la École Nationale Supérieure d’Agronomie de Montpellier (ciencias de la viña y enología) y la École Supérieure de Commerce de Dijon (marketing y comercio internacional).

En toda esta etapa de formación, con gran tino, Leonardo comenzó a trabajar no sólo para mantenerse, sino además para asimilar esa teoría que incorporaba a diario, lo que le permitió también estar en contacto
con la parte práctica.
Así, entre libros y tratados, iba sumando horas de vuelo en la profesión con grandes maestros y expertos en la materia como guías, ya sea en châteaux en Burdeos y Rhône, en maisons de Champagne o en una tonelería de Bourgogne, donde aprendió todos los secretos de la fabricación de barricas, fudres y cubas troncocónicas de roble.
A sus 33 años dirige la producción de la prestigiosa bodega Vieux Télégraphe (su última añada cuesta en Estados Unidos US$ 70 y ha logrado 95 puntos en la revista Wine Spectator), pero además elabora un vino en Chile, exactamente en Los Cauquenes, Región del Maule. En la Argentina asesora un proyecto en Vista Flores y comenzó a elaborar un vino de pequeña producción al que llamará Rebelión Garage. Si bien “algún día” le gustaría iniciar una bodega en la Argentina, aún no piensa en volver. “Esta elección (trabajar en Francia) fue muy lógica; diría que es una suerte de justa retribución a todo lo que me dieron aquí. Creo que al final pasé a ser parte del terroir… Entonces, cuando eso sucede, no te preguntás el porqué, sólo sabés que debés hacerlo y ya”… Toda una declaración de principios.


• ¿Cómo es para un argentino hacer vino en una denominación tan afamada como Châteauneuf-du-Pape?

Bueno, yo creo que es cuestión de sentirse dentro del sistema, o fuera de él. Cada uno sabe lo que vale y muchas veces las barreras son nuestras y no de los otros. Quizás sea porque estudié acá en Francia, pero ningún francés me ha mirado mal. Como todo, en un principio, la idea de que sea un argentino el enólogo de Vieux Télégraphe sorprendió a muchos. Pero yo no soy sólo un argentino; soy un enamorado del terroir, un desafiante, un encarnizado del trabajo y apasionado por descubrir cosas. Soy un enólogo loco y bohemio, y además, argentino. Entonces, de esta manera se vuelve una ventaja. Siempre pienso y demuestro lo que soy y lo que puedo aportar. Trato de ser abierto y objetivo, preciso y estricto en mis metodologías, respetuoso del terroir en el cual vivo y trabajo para obtener vinos de expresión. Si mantenés esta ideología y sos sincero con tus sentimientos, hacer vino en Châteauneuf-du-Pape no es tan diferente de trabajar en Bourgogne o Bordeaux. El criterio técnico es el mismo.

• ¿Qué podés contarnos de Vieux Télégraphe?

Vieux Télégraphe lleva cuatro generaciones. Todo comenzó en 1898 con Hippolyte Brunier y una pocas cepas en Bédarrides y Châteauneuf-du-Pape, y hoy tenemos tres bodegas en Francia (Vieux Télégraphe, La Roquète y Les Pallières) y una en el Valle de la Bekaa, en Líbano.

Mi trabajo en Vieux Télégraphe es cuestión de sensibilidad y nobleza de gestos. Con un total 120 hectáreas en producción, consiste en seguir los viñedos, llevarlos a la madurez en perfecto estado sanitario para luego cosechar y elaborar vinos de terroir.

Luego en la bodega trabajo mucho con mi propia sensibilidad y trato de hacer abstracción de la química analítica.

• ¿Cómo ves a la industria argentina desde allí?


La industria argentina está creciendo; eso es evidente. No es grande aún, pero ha avanzado mucho. Ha crecido porque se han instalado bodegas o emprendimientos con capitales importantes y han permitido explorar zonas nuevas y desarrollar una visión internacional de la industria.

No me parece que la industria argentina esté madura ya que este desarrollo ha sido rápido y se está trabajando más en un sistema de marketing de demanda que de oferta. Esto es: “el mercado pide esto, entonces lo hago”, y eso no es durable a largo plazo. O por lo menos, no con vinos de alta gama. Ya hay gente que se ha dado cuenta y está trabajando, por ejemplo, en el conocimiento del terroir.

Me parece que la industria argentina sigue buscando su propio estilo y me satisface ver con qué fervor se está defendiendo la imagen de los vinos obtenidos con base Malbec y Torrontés; eso es un signo.

También me sorprende ver la cantidad de tecnología y con qué frecuencia se utilizan productos enológicos como levaduras, enzimas, taninos… Para mí, hay demasiada tecnología, demasiadas recetas y poca experimentación y empirismo. Recordemos que un gran vino es grande gracias a sus características propias; a sus defectos y no a su perfección.

• ¿Cómo viste el cambio de imagen del vino argentino en los últimos años desde Francia?

Me gusta mucho lo que está pasando ahora. Veo más sinceridad en algunos vinos; veo pasión y búsqueda de expresión verdadera.

Veo cómo se está comenzando a pensar de otra manera. Me gusta la rebelión y la rebeldía de algunos, y aunque muchas bodegas siguen contratando asesores enológicos extranjeros para asegurarse un resultado económico, otras, más valientes, trabajan para descubrir cosas nuevas, cosas más naturales. A ésas las recompensará el futuro.

• ¿Qué creés que le falta al vino argentino para posicionarse a nivel mundial?

El vino argentino está posicionado con su estilo potente, graso y redondo, y en eso estoy de acuerdo si es para vinos de precios medios, que son vinos que se consumen jóvenes, carnosos y frutados.

No importa que sean Malbec, Torrontés, Cabernet Sauvignon o cualquier otro. Personalmente, si yo estuviese trabajando en la Argentina como enólogo o como asesor, trataría de hacer vinos más variados, quizás buscando la tipicidad de diferentes zonas. Además, trataría de buscar más mineralidad, fineza, delicadeza y, sobre todo, más potencial de guarda.

Para hacer vinos que queden en la historia, debés hacer vinos gastronómicos y no vinos de degustación, o vinos de concursos. Si querés que tu vino perdure en la historia, debés lograr vinos cuya calidad se mida en la nobleza de los gestos utilizados para obtenerlos.